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Escribiendo diálogos I. La raya o guion largo

Cómo escribir diálogos ‘de novela’

 

 

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Uso de la raya o guion largo

La raya o guion largo tiene dos usos:

  1. Equivale al paréntesis.
  2. Delimita los diferentes discursos de un diálogo; sobre todo, en novelas.

Efectivamente, las palabras pronunciadas por los protagonistas (de una novela, por ejemplo) en un diálogo comienzan en una nueva línea con un guion largo o raya:

—Espero que cumplas lo prometido.

Podemos (debemos a veces) incluir una explicación indicando quién habla:

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan.

No se pone punto después de «prometido» ni guion largo al final.

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan—, pero ya sabemos que eres un mentiroso. 

La explicación va intercalada empleando dos guiones largos, y, el segundo de ellos, seguido por la coma correspondiente al diálogo.

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Es posible añadir información adicional en la explicación al escribir un diálogo, pero siempre procurando que no sea excesivamente larga:

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan con tono severo—, pero ya sabemos que eres un mentiroso. 

Puntuación después de la raya

La coma es el signo de puntuación que se sitúa tras la raya cuando forma parte del diálogo propiamente dicho, no de la explicación o acotación. En este caso, se incluye entre las rayas.

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan con tono severo, aunque sonriendo levemente—, pero ya sabemos que eres un mentiroso. 

Lógicamente, esto también es válido cuando no hay signo de puntuación alguno dentro del diálogo. En ese caso, no se pone nada.

—Ya te expliqué —indicó Juan con tono severo— cómo funcionaba esto. 

Al igual que la coma, el punto y seguido y el punto y coma se colocan asimismo detrás de la raya:

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan con tono severo, aunque sonriendo levemente—. Sin embargo, ya sabemos que eres un mentiroso. 

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan con tono severo, aunque sonriendo levemente—; sin embargo, ya sabemos que eres un mentiroso. 

Los puntos suspensivos también se colocan después de la raya.

—Juana es buena chica, pero —Ana titubeó un momento— tiene sus cosas. 

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Los signos de cierre de exclamación e interrogación se emplazan antes de la raya.

—¡No te acerques! —Pedro exclamó—. Disculpa, no sé qué me ha pasado.

Hay opiniones enfrentadas respecto a situar el punto anterior (en rojo) en estas situaciones.

Recordemos que una de las funciones de los puntos suspensivos es dar mayor énfasis a la interrogación o exclamación. Es decir, !… equivale a !!

Los puntos suspensivos aquí no pueden separarse del símbolo de exclamación y, de ese modo, se sitúan antes de la raya:

—¡No te acerques!… —Pedro exclamó—. Disculpa, no sé qué me ha pasado.

También lo hacen siempre que la acotación termine.

—Espero que… —Pedro no terminó la frase. 

Cabe insistir en que se debe procurar que las acotaciones no sean demasiado largas cuando se incluyen dentro del discurso.

Acotaciones largas

Si resulta inevitable que la explicación sea larga y/o requiere el uso de uno o varios puntos y seguido, resulta más aconsejable sacar dicha explicación del diálogo e incluirla en la narración. Por ejemplo:

—Espero que cumplas lo prometido —dijo Juan con tono severo, el mismo que empleaba cuando algo realmente le molestaba. Todos sabíamos qué ocurriría a continuación si hablaba así, con tal gravedad—, pero ya sabemos que eres un mentiroso. 

Es mejor:

—Espero que cumplas lo prometido,  pero ya sabemos que eres un mentiroso. 

Juan pronunció estas palabras con tono severo, el mismo que empleaba cuando algo realmente le molestaba. Todos sabíamos qué ocurriría a continuación si hablaba así, con tal gravedad.

No es necesario repetir la coletilla explicando quién habla cuando solo dos interlocutores intervienen en la conversación, pues queda implícito cuál es cuál.

—Espero que cumplas lo prometido,  pero ya sabemos que eres un mentiroso —dijo Juan.

 —No, no lo soy —dijo Pedro.

 —Sí que lo eres —dijo Juan.

—Te digo que no —dijo Pedro.

—Y yo te digo que sí —dijo Juan.

Lo anterior por no mencionar la reiteración continua de «dijo». Mejor:

—Espero que cumplas lo prometido,  pero ya sabemos que eres un mentiroso —dijo Juan.

 —No, no lo soy.

 —Sí que lo eres.

—Te digo que no.

—Sí que lo eres.

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¿Y las comillas, corchetes y paréntesis?

No hemos mencionado comillas, corchetes ni paréntesis porque no parecen tener mucho sentido en la transcripción de un diálogo.

Es decir, cuando hablamos no hay manera de saber qué parte de la conversación (palabras, frases…) merecerían el uso de tales signos.

Otra cuestión es cuando nuestros personajes pronuncian términos extranjeros, del argot, mal pronunciados o, en general, no recogidos por el DLE.

Cuando esto ocurre, es preferible usar cursivas antes que comillas.

—Nani es un friqui y un mataviejas. Vendió el peluco de su agüela por doscientas púas —explicó él.

El problema en este caso es que el DLE no contempla el término de argot mataviejas, pero sí friqui, peluco (reloj) y púa (peseta). De ese modo, estos últimos no tienen que ir en cursiva. Por su parte, se entiende que ‘agüela’ es un ‘abuela’ mal pronunciado.