‘Decálogo del escritor’ que Augusto Monterroso pone en boca de Eduardo Torres

Primero

Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo

No escribas nunca para tus contemporáneos; ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero

En ninguna circunstancia olvides el célebre dictum: “En literatura no hay nada escrito”.

Cuarto

Lo que puedas decir con cien palabras, dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto

Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje. Ejercítate de día y de noche para esta lucha.

Sexto

Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores. Evita, pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo

No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.

Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera, no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno

Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo

Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando, procura que efectivamente lo sea, pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo

No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general, es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo

Otra vez el lector. Cuanto mejor escribas, más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones. Si escribes cosas para el montón, nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle ni te señalará con el dedo en el supermercado.

El decálogo tiene doce mandamientos con el objeto de que cada cual escoja los que más le acomoden y pueda rechazar dos, al gusto. “Si la raza humana ha rechazado siempre la ley de Dios, esta es una precaución hasta cierto punto ingenua”.

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